Siempre es complicado gestionar los errores, tanto los propios como los ajenos.
Obviamente, de buenas formas mejor que por las malas, pero siempre habrá alguien que pague los platos rotos y eso nunca gusta ni a nosotras, ni a nuestros proveedores, ni a nuestros clientes.
Lo complicado desde mi punto de vista es encontrar el punto en el que no eres ni bueni-tonto - no queremos perder dinero, no queremos pagar los errores ajenos y no queremos perder clientes por errores propios y/o ajenos- ni mali-listo, tampoco deseamos perjudicar a nuestros proveedores cuando se produce un error.
La primera dificultad estriba en decidir quién es realmente culpable del error: el cliente, el proveedor o tu. Casualmente todos pensamos que es otro quien ha metido la pata, y por tanto las correcciones no pueden ser cargos para nosotros.
Esta semana hemos tenido dos situaciones de este tipo, y las dos se han saldado en nuestra contra. En ambos casos, somos nostras las proveedoras, y en ambos casos hemos fallado en el procedimiento de obtención de información del cliente, por lo que hemos aprendido la leccion y no volverá a pasar.
En el primero de los casos, hicimos un collar a medida siguiendo las medidas que nos dio la clienta. Si nos las dio mal, las copiamos mal o si hemos hecho el collar con unas medidas diferentes a las habladas es indemostrable, ya que no hay registro escrito. Esto nos ha costado pagar de nuestro bolsillo 3 envíos por mensajero, 2 a nuestra tarifa y una a un atraco de tarifa que tiene el cliente. Resultado: hemos perdido dinero en la venta de ese collar.
En el segundo caso, los collares iban grabados y correspondían a dos tallas. Cuando el cliente final los probó estaban al revés, si bien nosotras hablamos con la tienda antes de grabarlas, y la tienda con la dueña de los perros. Todo verbal. Resultado: un par de chapas y su grabado a la basura.
Realmente la culpa es nuestra por no haber establecido un procedimiento escrito para evitar estos errores Nunca más un pedido a medida sin confirmación por escrito de las medidas y cuando se pide un grabado, poner en la etiqueta el nombre a grabar.
Realmente el coste económico no ha sido grave y es asumible. Me alegro de que nos haya ocurrido ahora porque así se aprende y en este caso sin un grave impacto en nuestras cuentas.
Supongo que así es como aprendemos todos, a topetazos.
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