viernes, 21 de junio de 2013

El coste de los errores

Siempre es complicado gestionar los errores, tanto los propios como los ajenos. 

Obviamente, de buenas formas mejor que por las malas, pero siempre habrá alguien que pague los platos rotos y eso nunca gusta ni a nosotras, ni a nuestros proveedores, ni a nuestros clientes.

Lo complicado desde mi punto de vista  es encontrar el punto en el que no eres ni bueni-tonto - no queremos perder dinero, no queremos pagar los errores ajenos y no queremos perder clientes por errores propios y/o ajenos- ni mali-listo, tampoco deseamos perjudicar a nuestros proveedores cuando se produce un error.

La primera dificultad estriba en decidir quién es realmente culpable del error: el cliente, el proveedor o tu.  Casualmente todos pensamos que es otro quien ha metido la pata, y por tanto las correcciones no pueden ser cargos para nosotros.

Esta semana hemos tenido dos situaciones de este tipo, y las dos se han saldado en nuestra contra. En ambos casos, somos nostras las proveedoras, y en ambos casos hemos fallado en el procedimiento de obtención de información del cliente, por lo que hemos aprendido la leccion y no volverá a pasar.

En el primero de los casos, hicimos un collar a medida siguiendo las medidas que nos dio la clienta. Si nos las dio mal, las copiamos mal o si hemos hecho el collar con unas medidas diferentes a las habladas es indemostrable, ya que no hay registro escrito. Esto nos ha costado pagar de nuestro bolsillo 3 envíos por mensajero, 2 a nuestra tarifa y una a un atraco de tarifa que tiene el cliente. Resultado: hemos perdido dinero en la venta de ese collar.

En el segundo caso, los collares iban grabados y correspondían a dos tallas. Cuando el cliente final los probó estaban al revés, si bien nosotras hablamos con la tienda antes de grabarlas, y la tienda con la dueña de los perros. Todo verbal. Resultado: un par de chapas y su grabado a la basura.

Realmente la culpa es nuestra por no haber establecido un procedimiento escrito para evitar estos errores Nunca más un pedido a medida sin confirmación por escrito de las medidas y cuando se pide un grabado, poner en la etiqueta el nombre a grabar. 

Realmente el coste económico no ha sido grave y es asumible. Me alegro de que nos haya ocurrido ahora porque así se aprende y en este caso sin un grave impacto en nuestras cuentas. 

Supongo que así es como aprendemos todos, a topetazos.

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