Hemos conseguido unas cintas de algodón y una cinta de yute preciosas. De aproximadamente 1 cm de ancho para perrillos pequeños.
Cuando los vimos nos encantaron, nos enamoramos Ana y yo inmediatamente del tacto, del color y de las infinitas posibilidades que vimos a las cintas.
Los comerciantes que nos vendieron las cintas nos dijeron que las existencias eran limitadas, no es una cinta con excesiva continuidad aunque puede que todavía les queden unos 1000 metros. Si en la feria gusta como a nosotras nos parece que ha de gustar, pasarán a nuestro poder.
Lo más alucinante de la compra fue la charla que tuvimos con el vendedor. Puede ser cierto o falso, pero nos dijo que eran restos de hace 20 años, que era una partida enorme que se hizo para Gucci y que lo que sobró lo estaban vendiendo ellos. Que se había quedado muerto un montón de años y ahora lo habíamos visto nostras.
Nuestra cara fue un poema y nos dio la explicación que faltaba, es que hace 20 años, según él, éramos los chinos de Europa y lo que hemos hecho desde que despegamos económicamente ha sido cargarnos el mercado que teníamos y pasar todo el trabajo a los chinos.
Estoy encantada con nuestra nueva adquisición, estoy agobiada porque hay que correr para tener todo en marcha para Propet, y estoy alucinada con la explicación de los chinos.
Luego fuimos a ver a la persona que nos ayuda con las primeras versiones de las piezas de plata, pero esa es otra historia que redunda en el cambio que ha pegado este país en los últimos años y que dejaré para otro momento.
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